CIUDAD SAGRADA DE CARAL

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Monday, August 07, 2006

NO FUERON 500 SINO MILES DE AÑOS MÀS DE POBLACIONES/ ARMANDO ARTEAGA

8 de Agosto: Día Internacional de las Poblaciones Indígenas.(1) 

Machu Picchu, la ciudadela inka, Cusco, Perù.

NO FUERON 500 SINO MILES DE AÑOS MÁS DE POBLACIONES* 
Por Armando Arteaga 
  
Uno de los aspectos más resaltantes, donde se puede notar el contraste de lo que fue este desencuentro cultural de los 500 años entre el llamado "viejo" y "nuevo" mundo, es la parte referida a la arquitectura y el planeamiento urbano de nuestros pueblos. 

Caral, la ciudad màs antigua de Amèrica, Supe, Perù. 

La admiración que le produce, a un obser­vador detallista como lo fue Alexander Von Humbolt, la arquitectura de estos pueblos nativos es resumida en su expresión: "parece una arquitectura hecha por las manos de un solo arquitecto", es exacta y específica. El sentido de perfección y adecuación que nos produce cada uno de los elementos que conforman el todo de la llamada "arquitectura pre-hispánica", visto como proceso de trabajo, de acondicionamiento territorial, de unidad integral, de equilibrio entre forma y función, es lo que más reluce, para quien inventarió y levantó muchas de las plantas de estas edificaciones. Humbolt en esa expresión nos muestra la admiración sensible que puede tener un observador inteligente del proceso constructivo nuestro.

Piramide en Michoacàn, Mèxico.

Hay que precisar también que tardíamente otros observadores extranjeros como Ann Kendall, Jean Francois Bouchard, Craig Mo­rris, John V. Murra, Charles Wiener, E.W. Middendorf y Adolph Bandelier, no precisa­mente españoles, definen con admiración este proceso urbanístico. Proceso complejo, no estudiado seriamente todavía, que adecuado en su verdadera dimensión de valor, es una de las características más importantes de la historia de nuestra cultura. 
 Complejo Tschudi, parte de la ciudadela de adobes en Chan Chan, en el desierto norteño peruano.
Las construcciones de la revolución lítica de los Chavín; el manejo de los adobes Mochica y Chimú, instalados en la escenografía increíble del desierto peruano; el planteamiento urbano de los Wari e Incas; las aldeas ribereñas de las poblaciones nativas de la Selva, tienen para nosotros -todas esas instalaciones- la capacidad de maravillarnos a primera impresión y volvernos a maravillar cuando sobre ellas racionalizamos nuestra lectura y hacemos cual­quier prospección. Pero no solamente es el pasado, o la mirada hacia atrás, que no nos convierte en estatuas petrificadas -culturalmente hablando-, todo es parte de un proceso truncado con la llegada de los europeos. El arribo de una nueva visión urbanística, no adecuada para nuestras po­blaciones e impuesta por los españoles, terminaron disturbando y distorsionando la lógica de este proceso. Es cierto que las catedrales e iglesias diseñadas por la visión cristiana del arquitecto extranjero, no dejan de ser artefactos hechos por manos artesanas, laboriosas e indígenas, que han sincretizado su versión pagana con la de afuera cristiana.



Maloca: vivienda indìgena en la Amazonìa.

 La arquitectura y las edificaciones de las poblaciones nuestras fueron hechas a sangre y explotación realizada contra lo nativo. Es una arquitectura de piedra, de barro, melancolía agreste y tributaria de nuestros pueblos que con su mensaje terrenal han ido quedando sobre cuadrículas diversas y todo área de trance urbano que tenemos en nuestras ciudades. La modernidad aparente de algunas de nuestras poblaciones está atrapada por la nostalgia de nuestra arquitectura indígena Maya, Quechua, Náhuatl, Chanka, Mochica, Yunga, Tiahuanaco; conclusión diversa e inédita de la reu­nión de todas las sangres de nuestro mensaje. Para el alarife nativo que construyó con sus manos y herramientas originales este proceso urbanístico, que ha sido único y diverso, lo más importante de su mensaje parece ser su actitud temporal por perdurar en este desen­cuentro de criterios y estallido cultural. Mirando hacia el futuro, lo que nos queda, en este renglón de nuestra actividad constructiva nativa, es insistir en la gran sabiduría ancestral nativa con la que se han construido nuestras ciudades; ubicándolas en la actual dimensión temporal de la modernidad, haciéndolas funcionales y adecuadas a las necesidades vigentes para nuestros pueblos actuales. Por último, también debemos insistir en una arquitectura nativa moderna, adecuada al medio ambiente, orgullosa de la piedra y el barro, de la cerámica y la madera, de la caña y el ichu, del soportal y el techo a dos aguas, el zaguán y la cancha, el plano inclinado, de toda esa heterogeneidad y posibilidad que se nos presentará en los años que vendrán.


Maloca actual en la selva de Brasil. 
  
(1) Desde 1995 se celebra el “Día Internacional de las Poblaciones Indígenas”, que empieza el día de la primera reunión, en 1982, del Grupo de Trabajo sobre Poblaciones Indígenas de las Naciones Unidas, un órgano subsidiario de la Subcomisión para la Promoción y Protección de los Derechos Humanos. Las poblaciones indígenas representan casi 300 millones de personas, hablan más de 5,000 lenguas y vivimos en más de 70 países repartidos en el globo terrestre, desde el Ártico hasta el Amazonas, en el Sahara a Australia. La mayoría –más de 150 millones viven en Asia (Bangla Desh, Birmania, Pakistán, Felipinas, Siri Lanka y Tailandia). Somos varias fuerzas importante en lo político y en lo social en las nuevas decisiones de la globalización. Casi 30 millones de indígenas viven en América Latina: Brasil, México, Ecuador. En Bolivia, Guatemala y Perú, las poblaciones indígenas somos más de la mitad de la población total de nuestros respectivos países.  

*Publicado en el Boletín Informativo del Centro de Culturas Chirapaq, Lima-Perú. Edición Especial N- 11-14, 1993.

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