CIUDAD SAGRADA DE CARAL

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LA ARQUITECTURA ESTUDIA EL ESPACIO Y LA CULTURAL DEL HOMBRE

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LIMA, LIMA, Peru
INSTITUTO DE LA TECNOLOGIA Y LA CULTURA ANDINA-AMAZONÍA.

Thursday, April 27, 2006

ANDAHUAYLAS VISITADA / ARMANDO ARTEAGA

Ciudades en movimiento
Foto: Vista Plano General de la ciudad de Andahuaylas 


Foto: Los sucesos de Andahuaylas en el centro del escenario polìtico.

ANDAHUAYLAS VISITADA

Escribe Armando Arteaga *

Hace unos días la ciudad de Andahuaylas celebró aniversario. Diversas cosas se han escrito sobre la "Pradera de los celajes". Pedro Cieza de León en "La Crónica del Perú" da un testimonio confesional, Andahuaylas ya era un asentamiento respetable cuando Cieza visitó sus parajes: "Las casas son de piedra. En el camino de la provincia habían grandes aposentos y depósitos para los señores". Otro vislumbre de Andahuaylas lo encontramos en los "Comentarios Reales" cuando Garcilaso de la Vega describe la expansión de Inca Roca en la conquista de los territorios de los chankas: "De Curampa fue a la gran provincia llamada Antahuailla, cuyos moradores se extienden a una mano y otra del camino real por espacio de diez y seis o diez y siete leguas".


Foto: Imagen urbana de Andahuaylas.
Garcilaso de la Vega tiene múltiples referencias sobre Andahuaylas desde cuando ya era un núcleo urbano organizado. Otra referencia sobre la toponimia del lugar la refiere Víctor Navarro del Águila: "pradera metalífera", acompaña está apreciación geológica con los significados de los ayllus cercanos de Anta Waylla: Jhawan Pata, Chumpao, Chaca Pukro, Kichka Pata, Chuspi. Puka-puka, entre otros lugares de importancia urbana, tanto en extensión poblacional como aldeana.
De los viajeros del siglo diecinueve destacan la presencia actual de la ciudad de San Pedro de Andahuaylas La Grande en el grabado de la Plaza Mayor que visitó Charles Wiener y que reproduce en "Perou et Bolivia" (París, 1874). El lugar grabado es correcto, es un plano general mirando hacia Kichkapata, se ve la Iglesia Matriz, la Pila, y las casonas de la calle donde se encuentra actualmente la Municipalidad. Los primeros asentamientos pre-hispánicos del lugar estaban en Kichkapata, en Cruz Pata, y cruzando el río Chumbao pasando el actual puente colonial, en el cerro Huayhuaca (donde Josel Grossman de la Universidad de California en 1970 realizo excavaciones).

Wiener describe Andahuaylas como "una ciudad que cuenta con cerca de cinco mil habitantes, que moran en más de doscientas casas". Ernest W. Middendorf visitó también Andahuaylas y publicó "Perú" (Berlín, 1893-1895, 3 Vols.). Allí hay una foto del Puente Colonial. El medico y lingüista alemán describe así su deslumbramiento: "una amplia visita sobre el valle de Andahuaylas, valle rico y fértil, aunque entonces terminada la cosecha, el espectro de los campos no era ventajoso. Se pasa por San Jerónimo, un pequeño pueblo, pero abajo en el valle, con 2,400 habitantes. Middendorf describe así también la aldeana Talavera: "un arrabal de la ciudad en el que vivían muchos arrieros". Otras referencias sobre Andahuaylas las encontramos en "Paisajes Peruanos" de José de la Riva Agüero: "La Plaza Mayor, llena de vendedores que la animan con sus gritos y audaz policromía de sus trajes y llicllas, tiene una pila regular y frondosos árboles". Raimondi comparó el calcáreo andino de la Iglesia con el travertino romano. Aurelio Miro Quezada S. la describió así: "La ciudad de Andahuaylas guarda, en cambio, recuerdos coloniales, con su iglesia nobilísima, de líneas sobrias y severas de clara raíz renacentista". Y en los años cincuenta fue fotografiada por Leopoldo Velasco, fotógrafo de la Plaza, con su caja negra de madera. Andahuaylas ha sido olvidada por mucho tiempo, pero es una de las ciudades más destacables del país y de Apurímac.
 Foto: Iglesia San Pedro de Andahuaylas.

LA CIUDAD DE ABANCAY /ARMANDO ARTEAGA

Foto: Panorámica de la Ciudad de Abancay.
 

Ciudades en movimiento
Foto: Torre de Catedral de Abancay.

LA CIUDAD DE ABANCAY
Escribe Armando Arteaga (*)

La ciudad de Abancay sufre los embates del crecimiento urbano desmedido que está cambiando aceleradamente su imagen urbana. Hasta hace tres décadas, Abancay era una ciudad con sus casas pintadas de blanco y los techos cubiertos de tejas rojas formando un conjunto de singular belleza; cuando se bajaba al llegar se miraba desde 500 mts. Desde lo alto de la carretera que envolvía los carros de nubes de polvo y viento, se observaba el tenue resplandor del sol que declinaba, y sus rayos besaban el fondo del florido valle: las casas de Abancay. Atrás quedaba el macizo imponente, la garganta rocosa que abría el majestuoso río Apurímac a la salida del puente Cúnyoc. Al dejar la pendiente, la campiña era suave y amable, llena de cultivos. Abancay era una ciudad pequeña, alegre, con calles rectas y avenidas anchas, enraizadas y solemnes, recuerda la evocación nostálgica de Luis Felipe Paredes, casonas asoleadas y frescas, mujeres hermosas y ese sentimiento serrano que se desprende de las cómodas estancias que suelen sorprender al visitante. En su plaza principal, un parque lozano que da posada al peregrino, la Iglesia Parroquial de una sola nave y un solo campanario. Para los turistas es: La Plaza de Armas con sus clásicas palmeras, la Catedral y la Capilla del Señor de la Caída. Al costado, pasando el malecón, un río de escaso caudal, el Mariño, que cruza la población. Más allá, atrás, está el Ampay, nevado sagrado, Apu centinela de la ciudad. Un conjunto de haciendas circundantes estrechaban el centro urbano de la ciudad e impedían su expansión y crecimiento.
Foto: Plaza de Armas de Abancay.
Últimamente, estas han sido parceladas y se ha dado un cambio al “uso de suelo”, acelerando el actual proceso de urbanización que padece actualmente la ciudad. La tierra abanquina, es terruño de clima templado, de vida apacible. Luis J. Benoit hizo varios films y fotografías sobre diversos paisajes peruanos en 1947. Estuvo en Abancay y nos dejo este guión turístico: “Abancay, capital del Departamento de Apurímac, es población importante y de alegre aspecto. Su nombre viene de “Amancay”, flor silvestre de color amarillo que abunda en la comarca. Está limitada por los altos flancos de los cerros y las curvas de los ríos Pachachaca y Mariño, y fue también habitado por los Chancas. De poco tiempo a esta parte ha adquirido un notable aspecto urbano gracias a las obras de mejoramiento y ornato locales y el auge de su agricultura y ganadería. Su campiña está hermoseada por las plantaciones de magueyes, molles, tunas y naranjas. En la ciudad existe un cómodo hotel de turistas para quienes deseen hacer una ‘pascana’, breve descanso en ella”.
Foto: Ingreso lateral de la Catedral de Abancay.
Una descripción más cercana de la ciudad de Abancay es la de Aurelio Miró Quesada S. en su libro “Costa Sierra y Montaña” (1964). La descripción de Miró Quesada., por ser cercana y una de las páginas más extraordinarias que se han escrito sobre esta ciudad, merece elogios aparte. Describe Abancay como “una población tranquila y recogida, con casas de colores claros, y calles que se tienden a la caricia blanda de un clima templado y agradable. El radio de la ciudad es poco extenso, porque se halla como reclinado al extremo de un valle, limitada por los altos flancos de los cerros, las curvas de los ríos Mariño y Pachachaca, y los amenos campos de cultivo de las haciendas y chacras cercanas. El círculo verde es tan estrecho, el sitio del campo a la ciudad tan extremado, que la hacienda Patibamba -la más importante y la más próxima- tuvo que ceder sus tierras para el desarrollo de Abancay”.
La expansión urbana que padeció Abancay cambió su fisonomía. De los inicios históricos dice Miró Quesada lo siguiente: “A pesar de ser un sitio antiguo de concentración de pobladores, el carácter actual de la ciudad data de fecha reciente. La dificultad de comunicaciones, la topografía hosca y accidentada de esta zona, habían mantenido a Abancay, a través de los años, como una simple ‘pascana’ en el camino. Fue sólo a partir del 28 de abril de 1873, al elevársele a ciudad y ser designada capital del Departamento de Apurímac, creado por ley promulgada en esa fecha, que la población comenzó a ganar importancia”. La centralidad urbana que gana esta ciudad comienza en los inicios del siglo XX con la consolidación de las instituciones republicanas. Miró Quesada sostiene que: “La capitalidad de Abancay despertó entonces -y la ha seguido manteniendo- la emulación de otra ciudad floreciente: Andahuaylas. Unida ésta a Ayacucho, como Abancay al Cuzco, su vida y sus condiciones han sido siempre muy distintas”. Aquí se debate la polaridad capitalina en dos centros urbanos importantes del departamento de Apurímac, se dan dos centralidades. La evocación de Miró Quesada es la de un atento viajero que percibe el rango y privilegio que ostentan estas dos ciudades con respecto a otros centros poblados: “Ubicada Abancay en una vega cálida de clima sin trastornos y de riego abundante, tiene una producción agrícola y en especial cañavelera, que ya el experto Alcedo encarecía en el siglo XVIII. Andahuaylas cuenta por su parte, con mayor población y más comercio, y por razones de clima y altura, la sobrepasa fácilmente en riqueza triguera y ganadera. Su comunicación principal es con Ayacucho; en tanto que Abancay posee mayor contacto con otras provincias del Departamento: Aimaraes, Grau (antes Cotabambas) y Antabamba. La vida en Abancay era bucolica. La mayor parte de las casas presentan unas llanas paredes encaladas, y tienen balcones y puertas de madera, pintadas de colores brillantes, especialmente azul o verde. Casi todas además, son modernas y sólo en muy pocas construcciones se guardan los viejos rasgos típicos: amplios zaguanes, pisos severos de ladrillo, balcones decorados, como una de gratas sugestiones que dobla en una esquina de la Plaza Mayor”.
Foto: Frontis Principal de la Catedral de Abancay.
El ambiente urbano monumental de la Plaza provoca en Miró Quesada un estique detallado y estupendo de este discreto espacio: “En esa misma Plaza, sencilla y asoleada, está la Iglesia. Ocupa todo un lado, aunque su puerta principal no se abre allí, sino a una de las calles laterales; tiene una sola torre con un campanario, y en el interior una nave larga con altares modernos. Sólo resaltan el frontal de plata del altar mayor, que sube, en planchas de plata también, hasta el tabernáculo; y dos columnas salomónicas, seguramente restos de la antigua fábrica, que vemos reclinadas sobre una pared”.

La descripción del viajero expone los contrastes, destellos y virtudes de esta ciudad de Abancay. Aquí lo urbano: “En mis diarios paseos matinales, bajo el sol confortante, veo la plaza con la estatua de Antonio Ocampo, el edificio de la Municipalidad, el Mercado de Abastos, el alegre Club, la vasta casa del Colegio Grau, con su campo de deportes atrás, que por la inclinación del terreno viene a quedar al nivel del piso alto. Visito también la casa moderna de la Corte, con su agradable jardín interior. Algo más lejos, la vieja y triste Cárcel, donde no se puede reprimir una profunda impresión dolorosa”. Aquí lo rural: “En busca de aspectos más amables, discurrí luego por las rutas del campo. Dejando las calles empedradas, fui hacia las huertas protegidas por ‘pircas’, o los pastizales en que pace el ganado. Algunas veces me cruzaba con autos vocingleros o con arrogantes caballos de paso. Otras veces eran indios, que bajo la sombra de los sauces y los ‘patis’ obscuros, se detenían para gustar, entre un denso perfume de eucaliptos, la triple frescura del maíz: hervido en el mote, molido en la mazamorra, y tostado y sonoro en la ‘cancha’. Por otro lado magueyes de altas varas, cañaverales de lindo color verde o dorado, molles, tunas, naranjos, cultivos de pan llevar, cafetales. Más lejos, chiquillas que lavaban ropa en las acequias o en el río, o que se bañaban con gracioso impudor, totalmente desnudas. Así quedarían más frescas para volver luego a la ciudad con el vaivén alegre de sus cuerpos trigueños”.
Foto: Hotel de turistas de Abancay.
Hay también en estas evocaciones gratas pinceladas de los elementos ibéricos y nativos que sincretizaron en lo mestizo cuando describe la arquitectura y los espacios de las casas haciendas: “Guardo todavía en el oído, ecos de esos cantos, cuando algunos amigos me llevan a presenciar el espectáculo de la puesta del sol desde la gruesa torre, con sonora campana, que se eleva en la hacienda Patibamba. Por la firme escalera de cal y canto subo a la parte alta. Allí veo los juegos de rojos y naranjas, las nubes que cambian su vivo tono blanco por velos transparentes, cada vez más lejanos y pálidos: violetas, verdes, azules, rosas, perla. ‘Parece un mar’ dicen las gentes, sorprendidas de hallar en esta tierra tan mediterránea, un recuerdo del agua y de las olas entre las cumbres -que a veces semejan islas- de los montes enhiestos. Lentamente,va cayendo la noche. Por los caminos de la hacienda, cercados por ‘pircas’ y bardales, avanzan, entre nubes de polvo, las ovejas; o resuena el trote agitado de las mulas que vienen a gozar, desde quién sabe qué campos cercanos, del sabroso reparo de la ‘inverna’. El humo de la chimenea se disuelve; y en vez de los ruidos del trapiche, sólo se escucha la caída del agua, el golpe de los cascos que hacen crujir las cañas secas y los últimos toques de la campana con su sonido viejo y bronco”.
Foto: Municipalidad de Abancay.
Ese es el escenario de Patibamba, la antigua hacienda. Discreto suele ser el encanto de San Gabriel y la presencia del viejo Puente de Pachachaca: “Otras veces, sigo por rutas más lejanas. Paso por San Gabriel y por Illanya: esa hacienda en la que todavía puedo apreciar la antigua casa, con habitaciones decoradas, glorietas de juego o de reposo, bello jardín con frutas y cascadas, avenidas de rosas y eucaliptos y, derramándose en el campo, las flores lilas del jacarandá. Avanzo hasta el puente tradicional de Pachachaca. Batido por el viento, frente a la nieve eterna del Ampay, y -casi bajo ella- las plantaciones de clima caliente de la vega; me detengo a observar el viejo puente: su arco de cantería, su calzada con amplitud para dos coches, su pretil enlucido y su hornacina al medio, como para una imagen o una cruz que no existen”. “Es uno de los mejores que hay en todo el Reino -decía el coronel Antonio de Alcedo en el siglo XVIII- y el primero que se construyó en él con todo su primor de arte” y Concolorcorvo repetía: “fue fabricado con todas las reglas del arte”. De Abancay se puede decir de sus comienzos que fue nuestra ‘aldea decorosa’, inspirada por el lego andino y cierta visión de los hacendados, quienes concibieron el trazado de una villa para la era del automóvil. La ciudad creció y hoy es una cosmopolita ciudad, un recinto autónomo y espontáneo, donde aldea y hacienda se dieron la mano para su final configuración. Nos ha extendido su legado, por ello hay que cuidar este patrimonio natural y cultural que es Abancay, hay que impedir que su centro histórico se sature, hay que hacer planeamiento urbano en sus calles y manzanas, para que sobreviva, siempre ella, a los requerimientos de estos tiempos modernos y vigentes.

Abancay histórico.

 
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Calle antigua del Centro Histórico de Abancay.

Tuesday, April 25, 2006

TARAPOTO AL TRASLUZ / ARMANDO ARTEAGA


Vista Antigua de Tarapoto. Foto: Ricardo Reategui. 1969.


Pza. de Armas de Tarapoto.

CIUDADES EN MOVIMIENTO

TARAPOTO AL TRASLUZ
Escribe Armando Arteaga*

El sol brilla en Tarapoto con tal intensidad que el visitante siempre anda buscando un helado de aguaje o una pipa de agua de coco "al polo". Desde que uno pisa el aeropuerto un fuego fatuo invade la nobleza de sus calles de está amazónica ciudad, que en este ardor se parece a la fronteriza y norteña Tumbes. El traverse comercial de la "Ciudad de las Palmeras" es agitado. El transito de sus pobladores es el ritual de la velocidad y el trueque. En el Mercado, un comerciante cambia una computadora por una camionetada de cabezas de "inguiritos".


Foto: Heladeros en Pza. de Armas.

La gente anda apurada y viajan siempre en moto-taxi. Yo encontré en Tarapoto a Moraima -una muchacha en motocicleta-. Y volví a "La motocicleta" como en la trascendente novela de André Pieyre de Mandiargues. Aunque en las tardes el gentío popular le pone más velocidad cuando vamos a La Kollpa a matar el rato con uvachado. El día es ahora gorrón. Moraima va por la carretera con su camioneta blanca Suzuki. La selva es exuberante -a ambos lados de la carretera-. Miles de árboles se exhiben por las dos bandas de este zurriago sendero que a Moraima le resulta aburrido, mondo y fosforescente.  Va hacia el pueblo de San José de Sisa (El Dorado).

Foto: Muchacha tarapotina.



Moraima.

Moraima trae pescado de Yurimaguas. El pescado viene en bolsas y balsas desde Yurimaguas. De allí lo preparan "presto" y "salao" para Tarapoto. Un numeroso contingente de poblanos se dedica a esta actividad de la pesca artesanal. Y Moraima tiene un contacto arriba del río, es el cumpita Tuanama, que le envía la "merca" hasta su estancia en la Banda del Shilcayo.


    La "merca"  del cumpita Tuanama.

Moraima recoge el pescado por las inmediaciones del Mercado, acomoda discretamente los paquetes enviados, y luego, enrumba por la carretera hacía Coñumbuque o por Las Brisas junto al puente del Cumbaza. Corre Moraima. Pasa por el distrito de Morales, mastica un chicle, y nuevamente acelera por la aburrida carretera levantando polvo, duerme en esas calles un monumento al heráldico Gallinazo, esa ave negra y rapaz que busca carroña en los basurales, en realidad, el aura: es un homenaje a un ex-alcalde de Morales que le decían Gallinazo. Moraima mira al infinito. Apuesta que los "moralistas" no han leído "Psicología del Gallinazo" de Valdelomar. Sonríe Moraima, mientras pasa veloz, y al fondo avanzan un conjunto de nubes. Se apura Moraima, la puede agarrar un ventarrón, o una señora lluvia, o una "tormenta" en el camino,  que le va a fregar la vida.

"Tormenta" en el camino.

El camino polvoriento se va a transformar en barroso. Moraima vuelve a masticar -otro chicle-. Le gusta el pentafónico "Toro barroso" y la movida "Anaconda" de Los Cuervos. Del barro, venimos del barro, lo dice La Biblia. La multiplicación de los peces, es lo único que le interesa a Moraima, ahora que ha bajado la tormenta. Moraima (la muchacha ¡voya!*) piensa entonces en la otra Moraima (madre de Moraima, mujer adorable de Lamas). En la parte trasera de la camioneta, en robustas canastas duermen acomodados los trozos de los paiches, las doncellas, las carachamas y los bagres.



Músicos de Lamas tocando Anaconda.


Moraima, mujer de Lamas.

Moraima canta -mientras maneja-, y... ha escrito una historia de su propia invención en la parte delantera de su camioneta, que lleva pintada -la moraleja- en tres palabras: Venir, Estar, Irse... Otra mujer viaja -lironda- en su igarité por el río de los peces.

*¡Voya!:  en el habla popular significa ¡Me voy ya!.



Foto: Atardecer en Tarapoto.

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(*)

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Plano de la ciudad de Tarapoto de Luis Felipe Pozzi Joseph.

Tarde en el Centro de Tarapoto.


Plano topográfico de la ciudad de Tarapoto levantado por Antonio Raimondi - 1865.

http://www.davidrumsey.com/luna/servlet/detail/RUMSEY~8~1~20621~580025:Plano-topografico-de-la-Ciudad-de-T

Monday, April 24, 2006

PRESTANCIA DE TARMA/ ARMANDO ARTEAGA

Foto: Tarmatambo
Ciudades en movimiento

Prestancia de Tarma
Por Armando Arteaga


La ciudad de Tarma y su ámbito provincial no quedan muy lejos de Lima. El centro histórico de Tarma tiene una formación y fundación definitivamente española: "el plano de la población con calles y plazas alineadas, con edificios de estilo europeo y templos católicos -según Federico Philips- manifiesta transparentemente que, esta ciudad fue trazada por mano del conquistador europeo".Tarma tiene su origen toponímico en el primitivo "tarama" (quebrada donde abunda la tara, planta oriunda del lugar). Testimonios de ocupación en sus territorios provinciales vienen desde el "pre-cerámico" estudiado por John W. Rick, y los llamados modelos de "transhumancia" (desplazamiento constante de poblaciones) y más tarde de "sedentarismo" (o de ocupación constante) los ha definido a su manera Danielle Lavalle, desde estaciones pre-alfareras hasta horizontes formativos. También Ramiro Matos y Jeffrey R. Parsons han encontrado núcleos de recintos amuralladas y estructuras esparcidas en piedras -toscamente construidas- sobre crestas estrechas, probablemente aldeas de pastores: que sugieren los inicios de un patrón de asentamiento integrado en la sierra cental. Los taramas fueron ese grupo humano originariamente base de donde emergieron las primeras unidades primitivas de los diversos asentamientos humanos antiguos hasta la ocupación incaica.Tarmatambo fue "posada" para las grandes comitivas y paso de los ejércitos incaicos que atravesaron el territorio tarmeño. Era una ciudadela construida al borde del Camino Real.


Foto: Catedral de Tarma.

Tarma fue fundada por los españoles hace 465 años, ajustaron a sus necesidades el trazo general de la ciudad, según Federico Philips en su "Monografía de Tarma", teniendo a Santa Ana como Patrona de la Villa. Cuando el P. Fr. Pedro de Ulloa visita la doctrina de Tarma en 1540: ya existía un pueblo con este nombre. Prosperó con el comercio siendo cabeza de Intendencia en la época del Virrey D. Teodoro de Croix, ofreciendo una perspectiva más castellana que andina. Allí se exhibieron iglesias suntuosas con airosas torres, las casas eran de adobes y tapiales, casi todas de un solo piso. Se desarrolló un arquitectura mestiza con influencia costeña (presencia de columnatas y balconetes en las fachadas) que armonizaban como "leit-motiv". En el gobierno de Ramón Castilla llegaron los inmigrantes europeos estimulando el desarrollo agrario y de penetración a la selva.


Foto:Arco deIngreso a la ciudad de Tarma, restaurado.

Se edificó en este período el Arco de Ingreso a la ciudad viniendo de Lima. Se levantó por primera vez el "Plano Topográfico de la ciudad de Tarma" realizado por el Ing. de Estado Alberto Falckenstein en 1862, que es el primer plano orgánico en donde aparece la traza urbana de Tarma con las calles antiguas, la Iglesia Matríz, el colegio San Ramón, el Cuartel, el Pantón, La Prefectura, el Molino y diversos Pozos de Agua.

Tarma "La Perla de los Andes" avanza vertiginosamente a la modernidad, y actualmente destruye irremediablemente su centro histórico y los solares tarmeños que brillaron su esplendor en las letras del poeta José Gálvez y el folclorista Adolfo Vienrich.

El acelerado proceso de urbanización que padece esta ciudad andina reclama una coherente intervención técnica,  si todavía queremos que "La Perla de los Andes" sea visitada por los turistas.