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Thursday, March 29, 2012

“Claxon-monóxido-ruidos ¡Nos matan!” / JORGE RUIZ DE SOMOCURCIO

“Claxon-monóxido-ruidos ¡Nos matan!”.
El Comercio (23/03/2012)
 


POR: JORGE RUIZ DE SOMOCURCIO.

La avenida Arequipa es uno de los primeros ejes de crecimiento de la ciudad desde el Centro Histórico al sur. Inaugurada por el presidente Augusto B. Leguía en los años veinte, atraviesa los distritos de Cercado, Lince, San Isidro y termina en el emblemático óvalo de Miraflores, por donde circulan diariamente más de 20 líneas de transporte de todas las direcciones de Lima. Ahí se encuentra el edificio El Pacífico. Una de las mejores expresiones de la arquitectura moderna de Lima de los años cincuenta que integra con acierto y visión comercio metropolitano y cine en la planta baja, y vivienda en los pisos superiores.

En uno de los últimos pisos los vecinos han puesto hace unas semanas una pancarta con un mensaje desesperado que es el título de esta nota.

¿El alcalde de Miraflores se ha dado por aludido? No.

Y ese mensaje de auxilio es válido en el 90% de las más importantes intersecciones metropolitanas que padecen las bocinas de los micros, de los taxis, la combustión de los vehículos y la agresión e impaciencia de la mayoría de conductores ante la indiferencia de sus alcaldes.

Esta situación es aceptada con resignación por nosotros como un precio que hay que pagar por el crecimiento de nuestra ciudad.

El ruido en la calle sobrepasa largamente los 50 decibeles recomendados como límite por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como máximo.

Lima es sin duda una de las ciudades más degradadas ambientalmente en toda América Latina.

Las cuencas de sus ríos Chillón, Rímac y Lurín y el borde costero están contaminados; tenemos menos de 2 m2 de área verde por habitante y 1.000 toneladas diarias de basura que no se recogen van a los ríos, chancherías y espacios públicos, especialmente en la periferia de la capital.

Adicionalmente, casi 2 millones de limeños no tienen agua y desagüe y 1 millón no tienen luz. Pero esos son problemas que requieren de complejas decisiones y conciliación política entre el gobierno metropolitano y el nacional.

Son urgentes. Sin embargo, hacer la ciudad más vivible en sus signos exteriores solo requiere de imaginación y, por supuesto, interés por el vecino y decisión política.

La clave es dar respuesta al padecimiento cotidiano, como el arriba señalado, pero con medidas que sean parte de una visión a futuro de la ciudad.

Implementar por lo menos una intersección o avenida “vitrina” por distrito con señalización, semáforos, paraderos, sin polución, transporte ordenado y silencio obligatorio.

Pensar en campañas como un día al mes sin claxon. Ordenar revisiones técnicas estrictas e impecables que reduzcan la contaminación. Producir mensajes mediáticos dirigidos a recuperar la noción perdida de ciudadanía.

En paralelo avancemos con el metro, el Metropolitano y el ordenamiento de rutas, pero recibamos señales de que el día a día puede ser mejor.

Si al desastre de la movilidad le sumamos la creciente agresividad de la atmósfera urbana, estamos incubando las condiciones para una convivencia insoportable.